viernes, 31 de mayo de 2013

Quinua: ¿me la como, no me la como?

Está riquísima y estos días en Bolivia la veo en todos lados. Me la puedo comer en ensaladas, en guisos, en postres... Está de moda en Europa, nos la venden como un "súper alimento", que encima está delicioso, pero, ¿qué impacto tiene el boom de la quinua en los países andinos, y en particular en Bolivia, el primer productor mundial?

La demanda global está provocando una subida del precio de la quinua (se ha triplicado su precio en los últimos 6 años), situando al alimento fuera del alcance de las personas con menos recursos (incluso los mismos productores de quinua) obligándolos a consumir productos de trigo refinado, como el pan y el fideo, que son más baratos pero que tienen mucho menor valor nutricional. Según esta lógica, algunos sugieren que los consumidores del norte deberíamos boicotear el "grano de oro" para bajar su precio y hacer que sea accesible de nuevo para todos los consumidores.

Otros señalan que los campesinos del Altiplano por fin están obteniendo un precio justo por su quinua, uno de los pocos cultivos adaptados a su ambiente árido y de gran altura. Según esta perspectiva, los mercados mundiales están finalmente funcionando para los campesinos, y un boicot de parte de los consumidores del norte sólo dañaría a los pequeños productores de Bolivia.

A mí lo que me parece es que el debate ha sido en gran parte reducido a la mano invisible del mercado, donde las únicas opciones para corregir injusticias dentro de nuestro sistema alimentario mundial son impulsadas ​​por la decisión de consumidores ricos: comprar o no comprar. Está claro que creo en el poder del consumo crítico, pero me molesta que en este debate nadie parezca tener ganas de pararse a analizar el sistema en sí, y las estructuras que limitan las opciones de los consumidores y de los productores.

También es preocupante el impacto en el uso de la tierra. La producción de quinua se está expandiendo a un ritmo vertiginoso en uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta: los suelos frágiles y los pastos nativos del Altiplano. Antes estas tierras eran cuidadosamente administradas con períodos de barbecho de 8 años o más. Ahora muchas áreas están en producción casi constante, amenazando con destruir por completo la fertilidad del suelo. Los rebaños de llamas que proporcionaban estiércol para fertilizar las parcelas de quinua durante milenios se han reducido para dar paso a monocultivos de quinua a gran escala. El gobierno está repartiendo tractores, y esta mecanización está permitiendo el cultivo de superficies cada vez mayores.

En un acto público a principios de febrero, el presidente Evo Morales brindó 65 tractores John Deere a 35 alcaldías en el departamento de Oruro para promover la expansión de la quinua.Que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llame al 2013 Año Internacional de la Quinua, va de la mano con este gran impulso de la mecanización.

Al mismo tiempo, nos cuentan que las tormentas de tierra son cada vez más comunes en el altiplano sur, un indicador de la progresiva desertificación de esta región. Provocada por la mecanización de las prácticas agrícolas, como también por la ruptura del delicado equilibrio entre el pastoreo y la agricultura. Nos cuentan que la quinua se cultivaba principalmente en pequeñas terrazas en las laderas, pero que ahora se está expandiendo sobre grandes áreas antes dedicadas al pastoreo de llamas. Tal vez lo más trágico de todo es que, este auge (y los auges siempre van seguidos de una caída) está llevando a los agricultores más vulnerables a degradar su propio ambiente, es decir, la base material para su propia supervivencia e identidad cultural, en nombre de la seguridad alimentaria a corto plazo.

La foto la comparte canelita0306 en flickr

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