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viernes, 10 de enero de 2014

2014: año de la agricultura familiar

Es una iniciativa promovida por el Foro Rural Mundial y respaldada por casi 400 organizaciones civiles y campesinas de todos los continentes. Naciones Unidas ha designado al 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar. En principio, esta celebración a nivel mundial servirá a los movimientos sociales de "percha" para exigir a los gobierno políticas más activas y sostenibles, con vistas a una más eficaz lucha contra la pobreza y el hambre.

Es una buena noticia que en varios países este año se dediquen espacios para que mujeres y hombres del campo, y también del mar, puedan reflexionar juntos, sobre la manera de cuidar el planeta y de alimentar el mundo, debatir y extraer conclusiones. Hay que recordar que el 70% de los alimentos consumidos en el mundo son producidos por este tipo de agricultura familiar, en toda su diversidad, y alrededor de un 40% de familias del mundo viven de esta actividad. Pero también es indudable que el éxodo del campo está ahí, en parte porque ha sido un sector abandonado, al que se le ha prestado muy poca atención  en el desarrollo de los servicios públicos fundamentales, necesarios para alcanzar un nivel de vida digno.

La  agricultura familiar realmente representa una oportunidad para dinamizar la vida de los pueblos, las economías locales, para afianzar la seguridad alimentaria en definitiva.  Qué menos que reconocer el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos. Qué menos que producir alimentos cerca de las personas que los necesitan. Por eso es fundamental abrir nuevos horizontes a la pobreza rural, a esta realidad presente en todos los continentes como es la agricultura familiar, sometida hoy por hoy a fuertes incertidumbres e incomprensiones.

La principal incomprensión es considerar esta agricultura un tipo de producción marginal, cuando es precisamente todo lo contrario: esta agricultura familiar, además de ser el sustento de mucha gente, es también la mayor fuente de empleo en muchos países en desarrollo. En el último año hemos podido ver que en varios países de América Latina y el Caribe se ha colocado a la agricultura familiar como prioridad en sus políticas públicas, algunos como Bolivia la han declarado como actividad de interés nacional. En la misma sintonía, aunque con historias distintas, se encuentran otras experiencias de Europa, Asia o África, donde el peso del modelo de familia camina hacia una causa común, el bueno uso de las tierras agrícolas. Además, las mujeres suponen cerca de la mitad de la mano de obra agrícola en los países en desarrollo.

La foto la comparte Fotos Govba en Flickr.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Ecuador: algunos dilemas sobre el maíz

Ya sabíamos que el maíz puede transformarse en distintos alimentos como harinas, panes y tortillas, pero desde que llegamos a Ecuador hemos visto que el maíz aparece incluso en alimentos en los que no esperarías encontrarlos, como refrescos, pollo frito, carne picada o patatas fritas. Los platos típicos de aquí también tienen al maíz como protagonista. Los quimbolitos, el mote, las humitas, los tamales... están todos realmente delicioso. Pero el alto consumo y el uso tan extendido del maíz en esta región me han hecho preguntarme si tendrá graves repercusiones medioambientales.

Por lo que he podido descubrir, el cultivo intensivo del maíz agota ciertos nutrientes presentes en el suelo ecuatoriano, que deben reponerse, ya que de lo contrario dejar de ser apto para usos agrícolas. Además, las raíces del maíz y el hecho de que se plante de manera espaciada hacen que apenas retenga el agua cuando llueve, con la consiguiente pérdida de suelo. Por lo visto, esto se agrava por el proceso de arado al replantar el maíz. De hecho, se estima que cada año 100.000 kilómetros cuadrados de tierras cultivables dejan de ser útiles debido a este proceso. También he descubierto que el cultivo del maíz requiere enormes cantidades de combustibles fósiles, sobre todo para producir los abonos químicos que aceleran su crecimiento y para realizar el proceso de secado necesario para poder transportarlo.

A pesar de todo esto, no sé si dejar de comer maíz sea una buena solución. Probablemente moderar su consumo y comer alimentos integrales o no procesados sea mejor idea. A la hora de comprar maíz lo mejor como siempre es el consumo local porque también puede producirse de manera eficaz. Es el modo en que se cultiva y la escala a la que se hace lo que lo convierten en un producto peligrosos para el medio ambiente. Así que hay que recordar que el maíz también se cultiva de manera selectiva desde hace siglos para hacerlo más resistente y además genera rendimientos muy elevados, incluso sin abonos químicos.

Los policultivos de maíz y de otras plantas, como las milpas centroamericanas, permiten producir en un terreno muy pequeño gran cantidad de alimentos y satisfacer de manera completa las necesidades nutricionales de una población.




miércoles, 28 de agosto de 2013

Perú, ¿ejemplo de desarrollo?

Dentro de pocos días cumpliremos 3 meses de estancia en Perú. En este tiempo, me he encontrado a muchas personas ponen a Perú como ejemplo de desarrollo. Y es que parece cierto que Perú tiene tasas de crecimiento económico como no tuvo nunca en su historia. Parece que el país crece desde hace diez o doce años con una tasa de crecimiento del 5% y ahora se está llegando a un 8 ó 9%. También parece cierto que por rebalse este crecimiento está empezando a llegar a los sectores más empobrecidos.

Crecimiento sí, sostenible no

De lo que no hemos visto evidencias es de que ese crecimiento haya significado que Perú avance hacia una economía diversificada, con valor agregado y empleo permanente y de calidad. Tampoco parece que ese crecimiento haya contribuido al fortalecimiento de las estructuras democráticas, la separación de poderes y al respeto hacia los sindicatos o movimientos sociales. Al contrario, por lo que hemos podido observar hoy se vive un proceso de criminalización de la protesta social.

El crecimiento económico tampoco tiene nada que ver con el tema ambiental o el respeto a las comunidades indígenas que en el caso peruano son muy importantes. A las ciudadanas y ciudadanos se los trata como consumidores y cuanto más consuman mejor. Nos han contado que el boom de las tarjetas de crédito está incrementando lo que es la burbuja financiera. Ya hay personas con miedo a que ese modelo explote más pronto que tarde y que ven que el Estado no se prepara para el momento en el que las materias primas con las que cuenta el país tiendan a bajar.

Se ha reprimarizado al Perú enormemente, como casi nunca en la historia del país. Es algo que también hemos podido ver que ha pasado a nivel latinoamericano, pero es que encima al Perú lo presentan como un ejemplo de lo que hay que hacer en términos de inversiones mineras, petroleras, etc. "Hay que sumarse a esas grandes concesiones que han hecho los gobiernos para que haya inversiones", parece que es el mensaje que corre por América Latina. Y no hablan de las concesiones que ha hecho Ollanta, ni Alan García, ni Toledo... hablan de las concesiones que hizo Fujimori en el 92. Como, por ejemplo, las leyes mineras de esa época. Leyes mineras casi sin vallas ambientales.

Hemos podido aprender en estos meses que el Perú desde hace 10.000 años es un país agrícola, forestal, pecuario, pesquero, y muy secundariamente durante toda su historia (salvo cuando vinieron los españoles), es minero, y cocalero más recientemente. Actualmente, en cambio, los mensajes desde el gobierno tratan de convencer a los peruanos de que Perú es un país minero y que no queda otra alternativa que explotar la minería y el petróleo para poder desarrollarse.

Desde la izquierda, en cambio, se reivindica que Perú es un país que tiene una biodiversidad muy importante y que tiene un campesinado que no son los grandes productores agrícolas, sino los que son la pequeña y mediana producción campesina que da el 29% del empleo en el país. Mientras que la minería da menos del 1% del empleo. Una pasada, ¿no?

Los movimientos sociales señalan que Perú debería ser un país forestal como lo es, con 720.000 km² de territorio boscoso. Esa una potencialidad económica inigualable para este país. Igual que su mar y sus ríos, que permanentemente están siendo contaminados y expoliados no solo por la pesca de arrastre y la extracción de cardúmenes para hacer harina de pescado para alimentar a los cerdos de Europa, sino por la minería. Es al mar adonde se están yendo todos los desechos tóxicos derivados de los procesos mineros.

En el número de julio de Prensa Indígena hay bastante información sobre varias acciones de comunidades indígenas peruanas contra los proyectos de varias empresas mineras. Es interesante echarle un vistazo.

viernes, 31 de mayo de 2013

Quinua: ¿me la como, no me la como?

Está riquísima y estos días en Bolivia la veo en todos lados. Me la puedo comer en ensaladas, en guisos, en postres... Está de moda en Europa, nos la venden como un "súper alimento", que encima está delicioso, pero, ¿qué impacto tiene el boom de la quinua en los países andinos, y en particular en Bolivia, el primer productor mundial?

La demanda global está provocando una subida del precio de la quinua (se ha triplicado su precio en los últimos 6 años), situando al alimento fuera del alcance de las personas con menos recursos (incluso los mismos productores de quinua) obligándolos a consumir productos de trigo refinado, como el pan y el fideo, que son más baratos pero que tienen mucho menor valor nutricional. Según esta lógica, algunos sugieren que los consumidores del norte deberíamos boicotear el "grano de oro" para bajar su precio y hacer que sea accesible de nuevo para todos los consumidores.

Otros señalan que los campesinos del Altiplano por fin están obteniendo un precio justo por su quinua, uno de los pocos cultivos adaptados a su ambiente árido y de gran altura. Según esta perspectiva, los mercados mundiales están finalmente funcionando para los campesinos, y un boicot de parte de los consumidores del norte sólo dañaría a los pequeños productores de Bolivia.

A mí lo que me parece es que el debate ha sido en gran parte reducido a la mano invisible del mercado, donde las únicas opciones para corregir injusticias dentro de nuestro sistema alimentario mundial son impulsadas ​​por la decisión de consumidores ricos: comprar o no comprar. Está claro que creo en el poder del consumo crítico, pero me molesta que en este debate nadie parezca tener ganas de pararse a analizar el sistema en sí, y las estructuras que limitan las opciones de los consumidores y de los productores.

También es preocupante el impacto en el uso de la tierra. La producción de quinua se está expandiendo a un ritmo vertiginoso en uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta: los suelos frágiles y los pastos nativos del Altiplano. Antes estas tierras eran cuidadosamente administradas con períodos de barbecho de 8 años o más. Ahora muchas áreas están en producción casi constante, amenazando con destruir por completo la fertilidad del suelo. Los rebaños de llamas que proporcionaban estiércol para fertilizar las parcelas de quinua durante milenios se han reducido para dar paso a monocultivos de quinua a gran escala. El gobierno está repartiendo tractores, y esta mecanización está permitiendo el cultivo de superficies cada vez mayores.

En un acto público a principios de febrero, el presidente Evo Morales brindó 65 tractores John Deere a 35 alcaldías en el departamento de Oruro para promover la expansión de la quinua.Que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llame al 2013 Año Internacional de la Quinua, va de la mano con este gran impulso de la mecanización.

Al mismo tiempo, nos cuentan que las tormentas de tierra son cada vez más comunes en el altiplano sur, un indicador de la progresiva desertificación de esta región. Provocada por la mecanización de las prácticas agrícolas, como también por la ruptura del delicado equilibrio entre el pastoreo y la agricultura. Nos cuentan que la quinua se cultivaba principalmente en pequeñas terrazas en las laderas, pero que ahora se está expandiendo sobre grandes áreas antes dedicadas al pastoreo de llamas. Tal vez lo más trágico de todo es que, este auge (y los auges siempre van seguidos de una caída) está llevando a los agricultores más vulnerables a degradar su propio ambiente, es decir, la base material para su propia supervivencia e identidad cultural, en nombre de la seguridad alimentaria a corto plazo.

La foto la comparte canelita0306 en flickr

miércoles, 29 de mayo de 2013

Reforma agraria en Bolivia, ¿para cuándo?


Bolivia, igual que la mayoría de países latinoamericanos que estamos pudiendo conocer este año, tiene una distribución muy desigual de la tierra, con miles de campesinas y campesinos sobreviviendo en pequeñas parcelas en las tierras altas, mientras que las oligarquías (incluyendo a muchos inversores extranjeros) controlan enormes plantaciones en las tierras bajas, principalmente dedicadas a la exportación de soja y caña de azúcar.

Durante las últimas décadas, esta desigualdad ha generado olas de migrantes rurales de las tierras altas hacía el trópico, incluidas las zonas de cultivo de coca, y a los crecientes suburbios de las ciudades. La demanda por las tierras también alimenta un creciente movimiento de los sin tierra, ahora organizados como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Bolivia. Este movimiento presiona al gobierno boliviano para cumplir con sus promesas de reforma agraria como solución a la pobreza rural y la degradación ambiental.

Otra opción (las cuales no son excluyentes entre sí) podría ser reconstruir los mercados locales de alimentos que han sido diezmados por décadas de importaciones de EE.UU y otros países extranjeros. ¿Podemos imaginar un futuro en que los productos de trigo altamente subsidiados de Estados Unidos no inunden el mercado boliviano, con un precio más barato que los alimentos andinos? Para ello sería necesario la voluntad política y la capacidad para regular las importaciones (es cierto, la dependencia comercial y los cambios dietéticos son cosas difíciles de deshacer). También requeriría el apoyo a los campesinos y las campesinas no sólo en la producción de productos para la exportación también para producir una gran variedad de plantas y animales para el consumo doméstico, de manera adecuada para las ecologías locales. Es algo que las y los campesinos bolivianos ya saben hacer; han producido alimentos durante miles de años en uno de los ambientes más diversos y desafiantes del mundo.

Bolivia tiene una serie de leyes en vigor (como la recién aprobada Ley de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien) que parece que muestran que existe voluntad política por parte del presidente Evo Morales a favor de la soberanía alimentaria y la producción campesina para los mercados locales. Pero, como señala el agroecólogo Miguel Altieri: "Este discurso ahora se debe traducir en acción. Un punto de partida sería aprovechar las estrategias sostenibles de producción campesinas que han resistido la prueba del tiempo; movilizar los conocimientos indígenas y las prácticas ancestrales (uso de estiércol, rotaciones y barbechos, construcción de terrazas, etc.) y la difusión de estas experiencias a través de intercambios horizontales de campesino a campesino".

La foto la comparte Anna Wolf en flickr

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La ilusión de "escoger" lo que comemos

Seguramente ya habíais visto este esquema (se puede hacer grande clickando sobre él) porque lleva meses dándo vueltas por las redes sociales, pero es tan impresionante y esclarecedor que creo que tenemos que tenerlo muy presente y no me he resistido a colgarlo y comentarlo.

¿Quién decide lo que compramos?, ¿quién nos marca lo que comemos? Pensamos que podemos escoger, pero la respuesta está clara: 10 multinacionales de la industria agroalimentaria. Eso sí, con el beneplácito de gobiernos e instituciones internacionales, acaban imponiendo sus intereses privados por encima de las necesidades colectivas. Piensa en lo que has comido hoy, recuerda las últimas 10 cosas que te has comprado... si buscas las marcas en el esquema, verás que has contribuido a financiar a los grandes gigantes empresariales que nos dominan y que amenazan gravemente nuestra seguridad y nuestra soberanía alimentaria.

En Europa, entre los años 1987 y 2005, la cuota de mercado de las diez mayores multinacionales de la distribución significaba un 45% del total y se pronosticaba que ésta podría llegar a un 75% en los próximos 10-15 años. En países como Suecia, tres cadenas de supermercados controlan alrededor del 95,1% de la cuota de mercado; y en otros como Dinamarca, Bélgica, España, Francia, Holanda, Gran Bretaña y Argentina, unas pocas empresas dominan entre el 45% y el 60% y del total. Las megafusiones son la dinámica habitual. Este monopolio y esta concentración permiten un fuerte control a la hora de determinar qué consumimos, a qué precio, de quién procede y cómo ha sido elaborado.

Hay que recordar que en plena crisis alimentaria, las principales multinacionales de la industria agroalimentaria como Nestlé, Tesco o Carrefour siguen anunciando cifras récord de ganancia, mientras millones de personas en el mundo no tienen acceso a los alimentos.

lunes, 18 de junio de 2012

Un banquero hablando de amor

Esta mañana de lunes le he pedido a mi compi' Laura que me contara algo bonito o inspirador y me ha pasado este vídeo que os enlazo. Es una charla de hace unos meses de  Joan Antoni Melé, subdirector general de Triodos Bank, en la UEM. Dejando de lado el tono "buenista" del discurso y las dudas que puede sugerirnos Triodos Bank, me han gustado algunas cosas de la intervención de Melé. 


Me ha hecho recordar lo mucho que me gusta la palabra "coraje". Lo necesario e importante que es el "coraje" y estoy de acuerdo en que hay echarle mucho coraje para ser "buena persona" estos día, en los que parece que lo más fácil parece es ser egoísta y acrítica.


Melé recuerda la importancia de poner el coraje por delante, de decidir qué queremos hacer,  de luchar por un ideal, de unirnos y de animarnos las unas a las otras cuando tantas personas nos digan "eso es imposible". A mí me ha inspirado un poquito en esta mañana complicada de lunes. Comparto el vídeo por si a vosotros y vosotras también :) Ahí va:




viernes, 8 de junio de 2012

¿Sabes que comes garbanzos yanquis?

Desayuno leyendo un estupendo reportaje del periódico Diagonal sobre el recorrido kilométrico de los alimentos que llegan al Estado español y su emisión de CO2.

Cualquier persona que se haya dado un paseo por Astúries ha podido ver la cantidad de pomaradas que hay por toda la región. Pues resulta que lo más probable es que esa manzana que te comes a media mañana no venga de Villaviciosa o de Siero, sino del otro lado del charco. Pero lo peor es que fenómenos como la deslocalización de la producción de alimentos llevan a que en el Estado español se importen unas 250.000 toneladas de manzanas de fuera, mientras se exportan otras 100.000. ¿Tú lo entiendes?

Otro ejemplo que cita el trabajo de Diagonal es el de los 7.330 km que recorren de media los garbanzos que importamos, principalmente de México y Estados Unidos. A pesar de ser un cultivo tradicional en el Estado español, importamos el 87% de los garbanzos que consumimos. ¿Cómo te quedas?

La foto es de  Shelby PDX en flickr

miércoles, 1 de febrero de 2012

Ecología sobre la mesa: recetas para las 4 estaciones

Nos ha requetencantado el libro “Ecología sobre la mesa", editado por la librería asociativa del Local Cambalache, de Oviedo. Es una obra muy cuidada y se nota que está hecha con mucho cariño. Encontramos recetas estupendas para las cuatro estaciones, ideas para hacer conservas, congelados, masas, salsas y aliños, pero también reflexiones sobre el consumo responsable, el comercio justo o la soberanía alimentaria.

Lo mejor es, como explican las autoras, que el libro nos ofrece la posibilidad de pensar en la comida desde diferentes ángulos: "De valorar el trabajo de las campesinas y campesinos que siguen cultivando nuestros alimentos, viviendo en un mundo rural cada día más abandonado y guardando los conocimientos de generaciones de personas que obtenían tanto de la tierra como le devolvían. Y de buscar a nuestro alrededor redes de apoyo con otras personas que se están haciendo las mismas preguntas".

El libro cuesta 20 euros y podéis comprarlo tanto on line como en los puntos de venta que puedes consultar en la web del local cambalache. También te lo puedes descargar en pdf.